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De mamá, de papá, de mis abuelos, del Teatro Nacional en los años 20 y 30




Dejamos a mis abuelos en España, con sus bártulos y sus hijos casi adolescentes a cuestas, y la cosa sigue, aunque con fechas mezcladas de las que puedo extraer pocas precisiones.
Dicho sea de paso, este fondo es mío, mío, mío !!
El hecho es que entre los 20 y los 30, mamá se convirtió en una chica preciosa, delgaducha y cabal representante del glamour intelectual (y del otro) de su época, y papá (menos afecto a dejar fotos con su vera efigie) en un periodista "maldito", crítico de teatro temido por actores, autores y directores,con algún kilo extra y una mirada linda que auguraba el extraordinario ser humano en que devendría con el paso del tiempo.
Estaban hechos el uno para el otro.
De eso no quedaron dudas




En algún momento de la década del veinte, papá pasaba de franco adolescente a varón jóven mediante el uso -al menos en el estudio del fotógrafo- de unos espantosos quevedos.

            

Había escrito ya unos cuantos cuentos (el primero a los precoces catorce, se llamaba -y cómo se rió de ese título después!- "El roedor que delató" , y era presumiblemente policial ) y dejando de lado la construcción empecinada de radios a galena empezaba a ganar su vida y la de la Nona, que -pantalonera para Gath y Chavez- había conseguido criarlo sóla contra viento y marea. Sóla ella, su Singer a pedal, y su espalda encorvada para siempre

En la primera década del siglo Floresta era campo casi, y ellos muy pobres. Y cuando salían a entregar los paquetes pesados de pantalones debían decidir si gastaban sus únicos diez centavos en los boletos del tranvía o en un helado para papá. A veces ganaba el helado, y atravesaban los interminables baldíos , rompiendo en invierno -por entretenerse- los anchos charcos de pis de vaca congelada.

Por suerte tenían techo: la casa donde papá nació y donde nací yo (en la misma habitación, la misma cama, lo que por cierto casi nos cuesta la vida) , la que construyó el Nono Nicolás con lo ganado en Johannesburgo para esa familia de la que no pudo disfrutar, y que fué siempre, en nuestra memoria "la casa vieja" de la calle Eugenio Garzón.



Mamá, Horacio y mis abuelos no lo pasaban mucho mejor. O sí. Porque cuando había trabajo........eran "ricos" , y viajaban, y se daban la gran vida. Cuando no había... el abuelo salía a trabajar de cualquier cosa (fué carbonero un tiempo) y al volver a casa por la noche dejaba sobre el viejo baúl de herrajes que había llevado los soirees de teatro a Europa una botella de leche, diciendo adusto :"Coman ustedes, yo ya cené.".

Pero sabían (como supe yo toda la vida, aún mientras mis hijos tomaban café con leche sobre ese mismo baúl que al abrirse dejaba escapar un olor maravilloso y único) que SIEMPRE la suerte cambia. Cambia de un día para otro. De un minuto a otro.

Alguien te encuentra por la calle, pasa por tu casa, o te llama......y las vacas gordas vuelven por un tiempo.

DE VUELTA A EUROPA!

En 1930, a bordo del CAMPANA, mamá, la Ita y el abuelo vuelven a España. Tio Horacio se queda: le tocaba el servicio militar.

Mamá le manda al hermano adorado su desafiante estampa.Tenía diecinueve años o estaba por cumplirlos. A los dieciseis, había conocido a papá en el camarín de un teatro. Ninguno de los dos se había olvidado del otro.



Quizá pensaba en el apuesto periodista al que había echado irremediablemente el ojo, mientras posaba siempre sofisticada para las más sofisticadas fotos de la época. Siempre en la avanzada, mi mamá, siempre a la vanguardia, desafiando y seduciendo. Y en el mismo viaje, mi abuela Raquel Martinez, una bella y distinguida señora.

   

Aproximadamente por esas mismas fechas, casi con seguridad antes de este viaje, ya que Arturo García Buhr formaba parte de la compañía y está presente en esta foto de pié, sobre la izquierda casi, papá se reunía con actores, autores (entre los que me parece reconocer a Alejandro Berruti) y periodistas. Había adelgazado un poco, no había empezado a perder el pelo, y estaba (al centro, en la cabecera) verdaderamente muy pintón.



El Campana con la compañía a bordo, pasó por Dakar, y mamá ("documentalista de alma" como yo, su única hija) fotografió a los chicos que se zambullían en busca de monedas, y a uno de los cuales compró una enorme lágrima de ámbar que muchos años después le fué robada a mi hija Patricia en Ibiza. El pibe la llevaba al cuello, sujeta con un tiento, y era casi translúcida,de un amarillo pálido. De mi infancia la recuerdo ya de un vivo color naranja, posteriormente tirando a lacre, y cuando la robaron era casi marrón, de un tono de roble viejo. De ahí concluí que el ámbar también envejece. No sé si sirve de consuelo.



Y llegaron a Tenerife. A la mayor de las islas Canarias. Allí mamá se sacó el gusto fotografiando al famoso volcán Teide, y aprendiendo de memoria el verso pupular:

" Como ese Teide gigante
todas las canarias son:
mucha nieve en el semblante
y fuego en el corazón...."



Anduvieron por todos lados. Las Palmas, Zaragoza, Madrid, Tarragona, Valencia... En todas partes fotografiaron y se fotografiaron. Corría, dijimos, 1930. Y el 31 también los sorprendió allá.


Arriba vemos a mamá y la Ita con Mecha Ortiz y Santiago Gomez Cou (de verdadero nombre Couciñas) en Las Palmas



Y aquí arriba volvemos a verlas asomadas con parte de la compañía (mamá entre Ida Delmas y María Angélica Sarobe) al ventanal de uno de los camarines del Teatro Benito Perez Galdós, de Las Palmas. Por cierto, en la mano de alguien un mate rioplatense.

No sé si verán estas páginas aficionados al viejo teatro argentino. Por si alguno recala acá, ahí va otra foto que fatalmente tiene que interesarle: Matilde Rivera, menos gordita y jóven que en el viaje anterior, con una promisoria actriz del momento: Maruja Gil Quesada.



Y aquí Mecha Ortiz, Elsa Martínez (mamá, ya lo dije hasta el cansancio propio y ajeno), Pascual Pellicciota, Mileo....seguramente en Madrid, con el equipo de Gimnasia y Esgrima de la Plata que hacía una presentación a tribuna repleta.



Inevitable aire de familia en madre e hija en Santa Cruz de Tenerife, y serio el matrimonio de actores en Montserrat:

   

Y abajo, interpretando quién sabe qué obra, ya que la prolija memoria de mamá no acertó a escribirlo en el album con su letra redondeada, Mileo, Diego Martínez (sentado al centro e hipermaquillado) y un irreconocible Arturo García Buhr en primer plano:



Repaso las fotos escaneadas y falta tanto...! Todavía estamos en el 31, tío Horacio no apareció, ni las fotos de estudio que mamá se sacó en Madrid y que muestran la elegancia sugerente de la moda de esa época, la insuperable caída de aquellas telas que ya no existen, ni próceres del teatro como Milagros de la Vega, Paulina Singerman o Eva Franco.......No hay caso. Tengo que hacerlo en otra página, o ésta va a tardar cien años en cargarse.

Allá vamos, también para que el rojo furioso no los canse.


A página siguiente, continuación de la gira.

A comienzo de páginas personales.

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