
        Papá estaba contento                        
La Nona estaba contenta              
            Tío Horacio estaba contento
         
   
           
           
   
Tionano me sostenía como botella               Hasta Vincenzo sonreía.
                    
  La amiga Imelda, también.
       
La Ita y el Abuelo estaban contentos en La Habana, con la compañía de teatro. Iban
también a España y Estados Unidos. Iban a conocerme en el puerto, casi un año
después.

Papá y mamá se amaban mucho y eran felices.
   
     
      
Todos seguían dedicados a mí, un poco olvidados de que eran sofisticados,
intelectuales y rebeldes. Se habían convertido en dos papás.
          
Mamá era actriz y papá escritor, pero trabajaba de periodista. Hacía crítica
de teatro en Crítica y La Razón. De jóven se hacía el malo y era muy temido.
Después.....maduró.
Entretanto yo crecía y la felicidad se veía por todas partes.
     
     
Empezaba a conocerlos, a sonreírles, y eso los hacía felices, se les veía en
la cara.
      
Me enseñaban a caminar.....
     
      
Iba a andar en burrito, de esos ahora no hay más, llegaron los primeros Reyes,
y me trajeron al maravilloso Duque Pablo. Yo jugaba en el patio de Floresta,
que dejé a los tres años cuando nos mudamos al centro, pero que todavía
recuerdo.

El 5 de abril del 37 cumplí un año, tomé el primer plato de sopa, y, en el Parque
Rivadavia, me largué a caminar.
ADELANTE EL QUE SE ANIME,
PORQUE SIGUE.
VUELTA A INDEX
QUIEN SE HARTÓ.