NO, TAMPOCO, MÁS... 
MÁS ATRÁS...!
Bastante más atrás....


El papá de la Nona, David Antinori, mi bisabuelo
paterno, era, por lo poco que llegué a saber, un campesino simple que fabricaba trapiches
de madera para prensar las uvas que daba la tierra.
               
     
Su pretendiente, Nicola Cerretani, era un jóven aventurero que la pidió en matrimonio
y partió de inmediato -novio ya- a buscar oro al Africa. Nunca lo encontró, más vale,
pero puso un restaurant en Johannesburg y TARDÓ NUEVE AÑOS EN VOLVER.
Marzia lo esperó paciente y le aseguró perenne afecto en las fotos que le enviaba,
ésta, por ejemplo, de 1905.

El 7 de septiembre de 1906, se casaron en Fermo Marzia y Nicola y posaron como se debe
entre familiares, amigos y vecinos. Mi abuela tenía ya 31 años y había esperado
demasiado.

Fueron a Génova, de donde salían los transatlánticos, posaron para la foto con un
amigo, y él se la trajo a la Argentina. Aventurero impenitente, con seguridad no
imaginaba que en poco tiempo la tuberculosis contraída en Sudáfrica iba a terminar
con él, e iba a dejar sólos en un país extraño a la mujer que lo esperó tanto y a su
hijito de dos años, Arturo Cerretani - Arturo Nicolás David Cerretani, mi
papá..
    LA CONEXIÓN FRANCESA  


Entonces Celine se levantó, salió a la puerta y esperó con toda deliberación hasta
ver pasar a alguno de
sus muchos pretendientes. Al primero que acertó a asomar, desprevenido, un excelente
jóven de apellido Duchossoy que la había pretendido en vano (como
todos, por otra parte) hasta ese momento, le preguntó si aún quería
casarse con ella. Duchossoy asintió, incrédulo y azorado.
Unos meses después, un 13 de junio, nacía Ivonne Augustine Duchossoy,
quien fué luego la ITA, mi abuela materna.

Esta es la malvada CELINE muchos años después.
Era inteligente, rebelde, inescrupulosa. Le robó un novio piloto a una de sus hijas y escaparon juntos enel avión del jóven a Montevideo a vivir su breve pasión. También llegó a vestirse de hombre para conocer un prostíbulo. Era una loca de vanguardia, la bruja, de eso no cabe duda.
No quería a nadie más que a su blanco gato de angora (de quien supe que comía con ella a la mesa mientras uno de sus nietos lo hacía ABAJO de la misma) y respetó sólo a mi mamá -Elsa- por el mero hecho de que (genes son genes, la verdad!) fué capaz de saludarla con un beso en la mejilla, como si nada, teniendo ella una bastante repugnante e infecciosa erisipela facial.
Pero sigo: nació mi abuela y Celine partió hacia Argentina con Duchossoy, dejándola al cuidado de los padres de aquel, en una granja del cercano Boulogne sur Mer, sí, donde murió San Martín, precisamente.
La Ita llegó feliz a los doce años, en la convicción de que sus bondadosos abuelos eran sus padres, bebiendo sidra de fabricación hogareña todo el año y vino de escasa uva para las fiestas. Vivió feliz amándolos y siendo amada, yendo al colegio con zancos en invierno a causa de la nieve y robando guindas de los árboles en verano.
Hasta que un día, a la salida del colegio se le acercó una mujer, le dijo que era su madre, y la llevó al barco que la traería a la Argentina. Celine la mantuvo encerrada en el camarote hasta que el barco zarpó. No le permitió despedirse de sus abuelos, a los que nunca volvió a ver.
En Argentina Ivonne conoció a su verdadero padre (la víctima Duchossoy, inerme en manos de Celine) y a un montón de hermanos.
         
Sólo sé los nombres y conozco las caras de los que más quiso: Fernando, a quien conocí de chica,
y Marcelo, pintor, bohemio, artista, que murió jóven y tuberculoso en Paris como Dios
mandaba en aquellos tiempos,
y cuyo busto -esculpido por Bourdelle- se puede ver aún en nuestro Museo de
Bellas Artes. Era su hermano adorado, como tío Horacio lo fué de mamá.
A pesar del imaginable trauma, a pesar del desconocimiento inicial pero absoluto
del idioma....la frágil Ivonne Augustine llegó a la Facultad de Medicina, unica mujer
por aquellos años junto con la conocida y prestigiosa política socialista
Alicia Moreau de Justo. Hubiera sido médica, pero.....allí conoció a mi abuelo.
Diego Martínez Bedoya nació en Galicia. Más precisamente, en La Coruña.
     
     

Por suerte para los dos y por lo tanto para mí, él y la Ita se conocieron en la Facultad.

La Ita era muy linda y delicada. Aún hoy, los que la conocieron la describen
como una muñequita de cera. Era chiquita, redondeada, suave, dulce. El abuelo era
más bien feo pero muy alto, flaco, y simpatiquísimo. Para conquistarla, me contaron,
hacía pasos de baile en las escalinatas de la Facultad.
          
Enseguida nació tío Horacio y mamá, Elsa, el 11 de noviembre de 1911. Y entonces
se casaron.
La Ita y el abuelo habían dejado la Fac y ya andaban de gira por todo el país.
Fué algo muy cómico, como empezaron. Eran pobres de total pobreza, jóvenes y
con hijos y nadie les daba una mano (el guardiacivil, menos que nadie: tanto, que
cuando mi abuela fué con Horacio en brazos para que lo conociera, no la dejó
entrar mientras la irlandesa lloraba). Mi abuelo, entonces, vió un aviso de una
compañía de zarzuelas que salía de gira y necesitaba un tenor que tuviera hecho
todo el repertorio. Mi abuelo no sólo NO HABÍA VISTO una zarzuela en su vida,
sino que dudo de que alguien pueda desafinar tanto como él.
Pero se fué al interior lleno de optimismo y de promesas: al primer ensayo lo sacaron
a patadas. Por suerte pasaba por la provincia una compañía de teatro que necesitaba un actor
y allá fué, sin haber actuado ni en el colegio. Pero le fué bien, y al poco tiempo
mandó llamar a mi abuela (también como actriz!!!!) y ella viajó enseguida con
Horacio. Recorrieron provincias, comieron bien y mal, se escaparon de hoteles por
las ventanas.............en fin..... sobrevivieron, Ivonne Augustine se convirtió en
Raquel Martínez, y fueron actores para siempre.
  
   

     
     
SEGUIR POR ESTE CAMINO
ATRÁS A INDEX