NO, TAMPOCO, MÁS... 

MÁS ATRÁS...!

Bastante más atrás....



En busca del Tiempo perdido



Había una vez un pueblo en Italia que se llamaba Loro Piceno.

Estaba y aún está ahí, con sus ruinas medievales, en LE MARCHE, MACERATA, y el centro importante más cercano era la ciudad de FERMO,sobre el MAR ADRIÁTICO donde la Nona -mi abuela paterna Marzia Gemma Maddalena Antinori, nacida en 1875- iba al colegio de monjas. LORO PICENO era y es un pueblo muy chico. Incluso hoy, tiene solo 3000 habitantes.

El papá de la Nona, David Antinori, mi bisabuelo paterno, era, por lo poco que llegué a saber, un campesino simple que fabricaba trapiches de madera para prensar las uvas que daba la tierra.

                     

Su pretendiente, Nicola Cerretani, era un jóven aventurero que la pidió en matrimonio y partió de inmediato -novio ya- a buscar oro al Africa. Nunca lo encontró, más vale, pero puso un restaurant en Johannesburg y TARDÓ NUEVE AÑOS EN VOLVER.

Marzia lo esperó paciente y le aseguró perenne afecto en las fotos que le enviaba, ésta, por ejemplo, de 1905.

Y por fin hubo boda...!

El 7 de septiembre de 1906, se casaron en Fermo Marzia y Nicola y posaron como se debe entre familiares, amigos y vecinos. Mi abuela tenía ya 31 años y había esperado demasiado.

Fueron a Génova, de donde salían los transatlánticos, posaron para la foto con un amigo, y él se la trajo a la Argentina. Aventurero impenitente, con seguridad no imaginaba que en poco tiempo la tuberculosis contraída en Sudáfrica iba a terminar con él, e iba a dejar sólos en un país extraño a la mujer que lo esperó tanto y a su hijito de dos años, Arturo Cerretani - Arturo Nicolás David Cerretani, mi papá..








    LA CONEXIÓN FRANCESA  




Alrededor de la última década del siglo XIX, en Pas de Calais, moría un hombre de apellido Poche, o Pochet ,o Pochée, ya que se pronunciaba acentuando en la e, suplicando a su hija que sentara cabeza y se casara. La hija tenía un corazón duro y dijo tercamente que no hasta que el hombre - supongo que desesperado- exhaló el último suspiro.

Entonces Celine se levantó, salió a la puerta y esperó con toda deliberación hasta ver pasar a alguno de sus muchos pretendientes. Al primero que acertó a asomar, desprevenido, un excelente jóven de apellido Duchossoy que la había pretendido en vano (como todos, por otra parte) hasta ese momento, le preguntó si aún quería casarse con ella. Duchossoy asintió, incrédulo y azorado. Unos meses después, un 13 de junio, nacía Ivonne Augustine Duchossoy, quien fué luego la ITA, mi abuela materna.



Esta es la malvada CELINE muchos años después.

Era inteligente, rebelde, inescrupulosa. Le robó un novio piloto a una de sus hijas y escaparon juntos enel avión del jóven a Montevideo a vivir su breve pasión. También llegó a vestirse de hombre para conocer un prostíbulo. Era una loca de vanguardia, la bruja, de eso no cabe duda.

No quería a nadie más que a su blanco gato de angora (de quien supe que comía con ella a la mesa mientras uno de sus nietos lo hacía ABAJO de la misma) y respetó sólo a mi mamá -Elsa- por el mero hecho de que (genes son genes, la verdad!) fué capaz de saludarla con un beso en la mejilla, como si nada, teniendo ella una bastante repugnante e infecciosa erisipela facial.

Pero sigo: nació mi abuela y Celine partió hacia Argentina con Duchossoy, dejándola al cuidado de los padres de aquel, en una granja del cercano Boulogne sur Mer, sí, donde murió San Martín, precisamente.

La Ita llegó feliz a los doce años, en la convicción de que sus bondadosos abuelos eran sus padres, bebiendo sidra de fabricación hogareña todo el año y vino de escasa uva para las fiestas. Vivió feliz amándolos y siendo amada, yendo al colegio con zancos en invierno a causa de la nieve y robando guindas de los árboles en verano.

Hasta que un día, a la salida del colegio se le acercó una mujer, le dijo que era su madre, y la llevó al barco que la traería a la Argentina. Celine la mantuvo encerrada en el camarote hasta que el barco zarpó. No le permitió despedirse de sus abuelos, a los que nunca volvió a ver.

En Argentina Ivonne conoció a su verdadero padre (la víctima Duchossoy, inerme en manos de Celine) y a un montón de hermanos.

         

Sólo sé los nombres y conozco las caras de los que más quiso: Fernando, a quien conocí de chica, y Marcelo, pintor, bohemio, artista, que murió jóven y tuberculoso en Paris como Dios mandaba en aquellos tiempos, y cuyo busto -esculpido por Bourdelle- se puede ver aún en nuestro Museo de Bellas Artes. Era su hermano adorado, como tío Horacio lo fué de mamá.

A pesar del imaginable trauma, a pesar del desconocimiento inicial pero absoluto del idioma....la frágil Ivonne Augustine llegó a la Facultad de Medicina, unica mujer por aquellos años junto con la conocida y prestigiosa política socialista Alicia Moreau de Justo. Hubiera sido médica, pero.....allí conoció a mi abuelo.




Diego Martínez Bedoya nació en Galicia. Más precisamente, en La Coruña.


Galicia canta y baila !

           

Ahí están el mapa de su ciudad, el frente de su casa y una foto suya circa 1898, pero lo trajeron a la Argentina a los dos meses, algo inexplicablemente, el bestia de su padre (un ex- guardiacivil que lo apaleaba hasta dejarlo en cama tanto por lo que había hecho como por lo que pudiera llegar a hacer en el futuro, y que lo dejó tuerto de un cadenazo que le lesionó el nervio óptico) y SU BONDADOSA MADRASTRA IRLANDESA. A los dos meses? Una madrastra a los dos meses? Me parece rarísimo. Pero así fué.

Por suerte para los dos y por lo tanto para mí, él y la Ita se conocieron en la Facultad.



La Ita era muy linda y delicada. Aún hoy, los que la conocieron la describen como una muñequita de cera. Era chiquita, redondeada, suave, dulce. El abuelo era más bien feo pero muy alto, flaco, y simpatiquísimo. Para conquistarla, me contaron, hacía pasos de baile en las escalinatas de la Facultad.

         

Enseguida nació tío Horacio y mamá, Elsa, el 11 de noviembre de 1911. Y entonces se casaron.

La Ita y el abuelo habían dejado la Fac y ya andaban de gira por todo el país.

Fué algo muy cómico, como empezaron. Eran pobres de total pobreza, jóvenes y con hijos y nadie les daba una mano (el guardiacivil, menos que nadie: tanto, que cuando mi abuela fué con Horacio en brazos para que lo conociera, no la dejó entrar mientras la irlandesa lloraba). Mi abuelo, entonces, vió un aviso de una compañía de zarzuelas que salía de gira y necesitaba un tenor que tuviera hecho todo el repertorio. Mi abuelo no sólo NO HABÍA VISTO una zarzuela en su vida, sino que dudo de que alguien pueda desafinar tanto como él.

Pero se fué al interior lleno de optimismo y de promesas: al primer ensayo lo sacaron a patadas. Por suerte pasaba por la provincia una compañía de teatro que necesitaba un actor y allá fué, sin haber actuado ni en el colegio. Pero le fué bien, y al poco tiempo mandó llamar a mi abuela (también como actriz!!!!) y ella viajó enseguida con Horacio. Recorrieron provincias, comieron bien y mal, se escaparon de hoteles por las ventanas.............en fin..... sobrevivieron, Ivonne Augustine se convirtió en Raquel Martínez, y fueron actores para siempre.


     


           



Pero ya eso se merece otra página.


SEGUIR POR ESTE CAMINO

ATRÁS A INDEX