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PASAN LOS CÓMICOS
(y los chicos crecen)


Los 20 : una época del teatro nacional

       

Pasaban los años, mamá y tío Horacio crecían entre baúles y decorados, viajando con mis abuelos aquellos largos viajes -con toda la compañía y el repertorio montado- en tren a las provincias y en barco -o vapor como decían en aquellos años- al resto de América y Europa.

Increíblemente, desde donde estuvieran, la Ita dedicaba y mandaba fotos de sus hijos a la indiferente Celina.Con la compañía de Enrique De Rosas, con la de Paulina Singerman, los hermanitos Martínez crecían, siempre viajando, siempre pisando tierras distintas y diferentes escenarios.



         

En esa misma época, o un poco antes, papá sólo visitaba la tumba de su padre y tomaba la comunión. Estaba por entrar a la Escuela Industrial Otto Krause, de donde sería convenientemente echado apenas se diera la oportunidad.




Compañía Matilde Rivera - Enrique De Rosas



Reunión de compañía sobre el escenario: LA MADRECITA

Enrique De Rosas, segundo desde la izquierda, primer actor argentino durante muchos, muchos años, y sentada delante de él, su esposa, la rotunda Matilde Rivera, primera actriz.. El abuelo, Diego Martínez, es el imponente anciano que el papel requería, cuarto desde la izquierda, y la Ita, de señorita elegante, es la tercer mujer de pié, empezando por la derecha. ¿Los ubican? Sentados en el piso, los más chicos del grupo, mi mamá, y Machito De Rosas, que por ser hijo de los cabezas de compañía también pisó escenarios en esa época.

Porque por ese entonces, la cosa era muy familiar y todos hacían de todo. Los hijos viajaban con sus padres actores, comían, dormían y aprendían a leer en los camarines, y, por supuesto, salían a escena cuando hacía falta. Así se iban formando. Unos quedaban y otros no. Mi tío Horacio, por ejemplo, apenas tuvo la edad adecuada dejó las tablas y eligió ser traspunte.

Elsita Martinez (mamá) con De Rosas y Mandret en MADRE TIERRA.

Otra de MADRE TIERRA: el gaucho de sombrero es De Rosas y mi abuelo el terrateniente seguramente malvado, de barba y botas..


Y este hombre....así como era entre el 17 y el 25...



fué éste en TIERRA BAJA....

acá con Alfredo Lliri, el anciano de barba de la página anterior



...éste en UN POBRE HOMBRE...       y éste en LA SANTA MADRE

               


Era terrorífico el maquillaje de esos años, el público -suponían- tenía que ver las arrugas, la máscara del dolor, la bondad o la ruindad desde la última fila. Y el actor impostaba la voz, y sin micrófonos, también se lo oía desde la última fila de butacas. Eran otros tiempos.

Los gestos eran ampulosos, quizá y no siempre. La voz, grandilocuente. Las emociones se manifestaban por todo lo alto y LLEGABAN a la platea. Baste como ejemplo esta Matilde Rivera que es por lo menos una REPÚBLICA TONANTE ante De Rosas y mi abuelo Diego, en una obra de la que hasta mamá se olvidó el nombre. Para algún aficionado al teatro, y para mi familia, ésto puede resultar interesante, por eso aquí va:




Les dije que viajaban mucho.....

Acá está, en el primer viaje a Europa en 1924, la Compañía Rivera-De Rosas en pleno. ¿Alcanzan a leer el nombre en el salvavidas? Sí, el barco era el famoso Principessa Mafalda , el del trágico naufragio, con aquel lujo asiático. Mamá contaba que el postre de uno de los almuerzos fué un enorme castillo de helado de frutilla iluminado desde el interior . Ese fué el último viaje del Principessa Mafalda. En el siguiente, naufragó.



Diecisiete días en pleno océano. Las fiestas del cruce del Ecuador, la parada en Dakar, con los lugareñitos semidesnudos que se zambullían y les vendían baratijas bellísimas y ámbar, las comidas pantagruélicas a veces en la mesa del Capitán, las reposeras en cubierta, las partidas de poker en el camarote con fulleros profesionales que vivían viajando y jugando y despojando millonarios incautos, pero que de los actores se hacían amigos y con ellos jugaban sin trampa.

     



Cómo disfruté esos relatos! Cómo envidié esa infancia! Yo también aprendí a deletrear en camarines y jugué al poker con los amigos de mis viejos a los cinco años (y por cierto me dolía la barriga cuando perdía).....pero esos barcos ya iban desapareciendo, ya no existen. Los reemplazaron los cruceros de siete pisos llenos de salas de cine, de pubs, de boutiques y boliches. Y yo, que lo detesto, si tengo que viajar, viajo en avión. Aquello, tan hermoso, es el pasado. YA FUÉ.





Y ya en España, la compañía entraba en gira. Mi abuelo contaba que habían sido aplaudidos de pié en todos los pueblos. De Santander a Tarragona, de Barcelona a Palma de Mallorca, pararon en cada pueblo que tuviera un teatro y allí actuaron.



Cargaron los decorados de las siete, ocho obras de repertorio montado, y se los llevaron por ahí, repartiendo su oficio de entretener y emocionar y cosechando aplausos y bravos de un público difícil como lo era el español, pero generoso como pocos cuando se dejaba conquistar.



Por ese tiempo papá alcanzaba el cuarto año que no terminaría en el Industrial...



y se convertía en el porteño pintón que quería dedicarse al periodismo.



En el porteño pintón que enamoraría a mamá, que en ese ínterin se iba convirtiendo sin darse cuenta, de la nena de su tiempo que fué, en una hermosa y modernísima muchachita

     

Una muchachita que a su vez se enamoraría de él para toda la vida, y que se mereció dos dedicatorias inolvidables......la del prohombre del teatro nacional Roberto Casseaux.....



Y la de un transitorio compañero de gira, que hacía el 'fin de fiesta' al terminar la obra y por cuya voz, palabra y magia el embajador argentino en Francia se echó a llorar sobre el terciopelo rojo del palco cuando terminó de oir 'Anclado en Paris' : el inolvidable CARLOS GARDEL.....





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