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Trabajan, se ponen de novios, se aman de lejos...



Quedamos en que a mediados de 1931 llegó al puerto de Buenos Aires el Conte Rosso, uno de los últimos grandes transatlánticos, trayendo de vuelta a la compañía de Enrique De Rosas y Matilde Rivera, con sus decorados, sus galanes y damitas, sus "característicos" y sus partiquinos. Enviado casualmente y por suerte a recibirlos, esperaba en la dársena el ya flechado periodista y crítico de teatro que con el tiempo se iba a convertir en mi papá.

Pero mamá y mis abuelos se encontraron con una fea noticia: Horacio estaba internado y había sido operado de una peritonitis fulminante que había puesto en peligro su vida. Por suerte zafó, y -cosas de la medicina de altritempi- pasó los meses que siguieron alimentándose UNICAMENTE de dulce de leche. Esto me lo contaron cuando era muy chica, y, por supuesto, me pareció considerablemente envidiable.

Aquí abajo los vemos cuando le dan el alta: tío Horacio sale del Hospital Ramos Mejía apoyándose en un bastón, lo acompañan la Ita, un par de amigos, y un pibe de pantalón corto que está en primer plano: Héctor Coire.



De todos modos la convalescencia tuvo lo suyo de bueno: mamá y su "amiga del alma", la actriz Eva Franco, lo llevaban al rio a pasear, descansar, y reponerse:



Eva fué la gran amiga de mamá en su juventud: ella, e Imelda Aguado, la mejicana en cuya casa bailé mis primeros bailes de adolescente.

        

Eva se había casado con Perico Iribarren -empresario o comerciante, creo- y mamá fué la amiga de ambos, la compinche querida e invitada al Dietze de Belgrano con sus mesas en verdes glorietas, que conocí de adolescente y ya no existe, y a los paseos por el Tigre en el yate de Perico.



Porque Iribarren era (como se decía entonces) un "multimillonario", con Rolls y con yate, y con una casona inmensa, que para mí era un palacio, en Palermo.



Yo era considerablemente más chica, tenía alrededor de siete años menos que Cristina, pero era la hija de su amiga y Eva me invitaba a sus cumpleaños: me recuerdo echada sobre una piel de oso polar con cabeza y todo, con cuyos ojos de cristal y blancos colmillos yo me entretenía, y jamás olvidaré uno de los regalos que los padres hicieron a la hija: una casa de muñecas (un "palacio" de muñecas) con luz eléctrica en todas sus habitaciones, y con grifos de los que salía verdadera agua cuando se abrían.



En ese momento conocí la envidia, envidia de la fea, porque yo nunca iba a tener nada parecido.
Por suerte, sóla, desapareció. Y puedo jactarme en paz de no haber vuelto a envidiar a nadie, por ningún motivo, en el resto de mi vida.
Pero no, sin querer estoy mintiendo y aquí no se miente: a los doce años me pareció tremendamente injusto andar con zapatos rotos mientras la excelente Imelda (para mí entonces una terrible "vieja" de 30 años) los usaba de todos los colores y hechos a medida. Era mejicana, dije, mezcla de india y español , y una verdadera alma de Dios: como era muy chiquita calzaba el 33, y me regaló los que más me gustaban, mis primeros taquitos chinos, escotados, colorados, y me hizo enormemente feliz.

Después de eso, sí, NUNCA MÁS volví a sentir nada ni remotamente parecido a la envidia.
De lo que me alegro, porque es horrible.



Mamá y Eva trabajaron juntas en el teatro Liceo. El primero de la izquierda, flaquísimo aún, es mi tío Horacio. Mamá, el abuelo Diego y la Ita están marcados con crucecitas, Eva Franco, como corresponde, en el centro.

Mamá trabajaba, y seguía posando coqueta y linda, divirtiéndose.....



Siempre elegante y alegre......



Mientras, papá se dejaba fotografiar melancólico....



Y el Teatro seguía, seguía moviéndose, acercándolos, alejandolos...
Muchas veces alejándolos.




Ya en el 32 trabajó -o trabajaron- con la Compañía de Paulina Singerman. Aquí, en Mendoza con Paulina, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr, Blanca Tapia, la familia Martínez en pleno....

Y aquí en una escena de "Una chica ultramoderna": Paulina escotada, de negro junto a García Buhr a la izquierda, mamá y Mecha Ortiz en el extremo derecho.



En Mendoza aún, siguió con su pinta de eterna adelantada a su época, entre ensayo, estreno, función y viaje.



Y la familia paseó, por Tucumán, por Mendoza, los compañeros pasearon....eran tiempos en que nadie los corría por la calle dando alaridos de histeria ni pidiendo autógrafos, eran tiempos en que ser actor era nada más (y seguro que nada menos) que un oficio, un TRABAJO. Abajo vemos a mamá y mi abuela en Mendoza con Daniel Belluscio y en Tucumán con Milagros de la Vega.

  

Y siguieron viajando....

Cruzaron a Chile en tren, por la cordillera, con los decorados de ocho obras a cuestas, insisto en eso PORQUE YA NADIE LO HACE, y hasta tuvieron ganas de posar en plenos Andes (Cristo Redentor, Puente del Inca) en un alto del tren, en plena borrasca de nieve. Las caras hacen gracia: qué "desgraciados" se sentían en ese momento!





Sin embargo en el 33, en Viña del Mar -Chile- mamá ya había recuperado la apostura.



Y más que la apostura: ya era una "flapper" hecha y derecha,con sex-appeal y todo lo demás.

     

Pero ésta que ven no era del todo verdadera....esta fué nomás su imagen de atractiva damita jóven...



Porque tanta, tanta elegancia, tanta distinción y garbo seductor y ......y cuando paraban en Buenos Aires vivían en una pensión pobretona de la calle Avenida de Mayo. Acá la vemos en la terraza (en cuya cornisa, a varios pisos sobre la calle, dormía inconsciente e inexplicable mi Tío Horacio en las noches de verano), después de haber tendido las sábanas con todo el aire de un personaje del neorrealismo italiano. O no?

  


Creo que mi papá se enamoró de las dos. Y, cosa rara, no existen fotos de los novios juntos durante el noviazgo. Sé que mamá (mucho más decidida) le echó el ojo y el lazo con la complicidad de un común amigo -Félix María Pelayo, autor-. Que en una fiesta del ambiente, mamá le decía a Pelayo sin ninguna inocencia "Qué buen mozo es su amigo, Pelayo, dígale que me saque a bailar". Pero papá -tímido de toda timidez- no la sacaba: NO SABÍA bailar, no bailó en su vida nada que no fuera "la gavota del gran rey Luis" en un acto del primario.
Y que de todos modos la cosa anduvo, si no yo no estaría aquí para contarla, hoy, mientras peleo con mis cuatro nociones de html en el día de mi cumpleaños número 64.
Por ese único motivo puse a esta página un tema de los Beatles que poco y nada tiene que ver con ella.

Así que ahí van las últimas fotos previas a la convivencia y al casamiento: una de la coqueta infernal y dos de teatro.



Aquí abajo en 1934. con Ana Arneodo y Elías Alippi en "Así es la Vida".....



Y, ya del 35, año en que mis padres se casaron, una con Gillermo Battaglia en "Max, la Maravilla del Mundo".



En la próxima página, en cuanto pueda, ya estarán en "la casa vieja" esperando mi nacimiento.
Confieso que mis nietos empiezan a protestar. Preguntan "cúando nos toca a nosotros? "


Avanti, nomás!

Al comienzo de la larga historia.

A ANTEPORTADA-INDEX, s'il vous plait....